La meditación es el pilar básico de la práctica budista. Son muchas y variadas las formas de meditación que la tradición nos ha legado.

Aunque existen muchas formas de meditar en el budismo, hay también unos elementos comunes que vamos a detallar, ya que tienen el mismo fin: proveer un marco adecuado para la exploración del sí mismo.

  • Quietud. La meditación requiere quietud, ya que de este modo se corta la recepción sensorial del movimiento. Se busca una posición cómoda para que se pueda permanecer un tiempo adecuado sin molestias. Se pone la columna vertebral recta con el fin de facilitar la respiración relajada.
  • Silencio. Con el silencio se busca la interrupción sensorial con el sonido. Asimismo, con el silencio, la mente empieza a reaccionar.
  • Ojos cerrados o semicerrados. Como en el caso anterior, se busca la interrupción sensorial y la reacción de la mente.
  • Respiración relajada. Se busca la calma que deriva de la respiración relajada y no agitada. Esta calma es también un excelente sistema para que la mente reaccione. Hay técnicas precisas de respiración que a veces se integran en la meditación, pero vamos a dejar estas formas de respiración, ya que son técnicas avanzadas que requieren experiencia.

Dogen, uno de los más grandes maestros zen, resume de modo magistral el zazen o meditación zen:

  • Adoptar la postura correcta.
  • Regular la respiración (calmada).
  • Advertir que surge un pensamiento, observarlo y dejarlo ir.

Cuando hemos dicho que «la mente reaccione» nos estamos refiriendo a que, al no estar la mente excitada por los sentidos, empiezan a surgir pensamientos de todo tipo. Y la clave de la meditación es el tercer punto que nos da Dogen: advertir que surge un pensamiento, observarlo y dejarlo ir. De hecho, los dos consejos anteriores de adoptar la posición correcta y calmar la respiración tienen el objetivo de crear el escenario para esta tercera parte de la meditación que es la fundamental.

Por tanto, el tercer consejo de Dogen se divide a su vez en tres partes:

  1. En la primera se trata de advertir que surge un pensamiento. Es la fase de «darse cuenta». Ahora me doy cuenta de que surge el pensamiento de que tengo que ir al peluquero; ahora me doy cuenta de que viene el recuerdo de mi madre, etc.
  2. En la segunda fase hay ser un observador neutro. Ni forzar para que surjan más pensamientos ni evitar que aparezcan. Se trata solamente de verlos pasar al igual que cuando uno está tumbado en el campo y mira pasar las nubes. Se trata solo de mirar, de observar sin implicación ni juicio.
  3. Cuando esto ocurre suele producirse la tercera fase, que es la de dejarlos ir. Si uno se apega a esos pensamientos, los juzga o se implica emocionalmente, estos permanecen y a su vez hacen surgir otros nuevos relacionados. Por eso se trata de observarlos sin juicio, como si se ve una película sin vinculación, y así se permite que esos pensamientos se marchen como si se evaporasen.

En el budismo e hinduismo la meditación se llama vipassana, que significa visión clara, visión pura y no condicionada. Vipassana es un proceso de autoobservación, pero a su vez es un método de purificación y de experimentación, pues ofrece la posibilidad de verificar por uno mismo lo enseñado por Buda. Su práctica requiere quince minutos al día. Al principio no necesita más. Busque la forma de estar a solas consigo mismo, en silencio, en calma y en una postura cómoda. Solo es necesario que tenga la espalda recta para que la respiración fluya, y no se acueste, pues se podría dormir y ese no es el objetivo.

Una propuesta sencilla de meditación consiste en contar las respiraciones. De este modo se logran dos objetivos. Por un lado se consigue una respiración pausada y profunda, con un ritmo preciso y, por otro, la mente queda «utilizada» contando de un modo mecánico, pero poco a poco se va relajando. Puede poner un número de respiraciones, por ejemplo treinta, y luego volver a empezar. Este tipo de meditación contando sirve también para darse cuenta de la fijeza de la atención. Puede ocurrir que deje de contar o que supere la cifra de treinta, si es así, vuelva a retomarlo. Si alcanza un estado de calma mental, entonces quédese en él, si ese estado desaparece porque empieza a ser ocupado por pensamientos, entonces empiece de nuevo a contar.

Otras formas de meditación:

Como hemos dicho, existen otras formas de meditación. Vamos a detallar ahora un método de atención consciente que tiene gran potencia y eficacia; consta de cuatro partes:

  1. ATENCIÓN AL CUERPO. Se trata de poner la observación/atención en el cuerpo. Es especialmente útil poner la atención en la respiración, dado que respiramos de modo automático, se trata de ser conscientes de la respiración. Es sorprendente como algo tan sencillo puede ser tan transformador. De hecho la actividad mental es interrumpida cuando se lleva la atención a la respiración y esta atención es capaz de cambiar estados mentales y emocionales. No es posible un estado de agitación o tensión con la respiración relajada. Una alteración emocional lleva aparejada una alteración respiratoria, por eso los estados emocionales obedecen a la respiración.
  2. ATENCIÓN A LAS SENSACIONES. En este caso se trata de ser muy consciente de la forma en que percibimos a través de los sentidos. El mejor modo de empezar es darse cuenta de lo agradable, de lo desagradable y de lo neutro. Es bueno seleccionar también un sentido concreto como puede ser el tacto o el gusto. Es sorprendente también cómo la ejercitación de esta práctica puede convertir una sensación rutinaria en maravillosa en el ámbito de lo placentero.
  3. ATENCIÓN A LA MENTE. Esta práctica trata de observar el «estado de la mente». Si está excitada o tranquila, si hay en ella preocupación o no, si está dando sustento a un estado emocional u otro…
  4. ATENCIÓN AL MOVIMIENTO DE LA MENTE Y SUS ESTADOS. En esta fase se destaca la importancia de poner atención a los movimientos de la mente. Es decir, cuándo y cómo cambia por ejemplo de un estado de calma a uno de excitación, cómo pasa de un estado de placidez a un estado de irritación o incluso a la cólera, cómo pasa de un estado de paciencia a otro de impaciencia.