Descubre algunas curiosidades de los monjes budistas por si alguna vez vas de viaje a países como Tailandia, Myanmar, Sri Lanka, Camboya, India o China.

Fuente: www.descubrir.com

El budismo es una de las religiones con más devotos del continente asiático y sus templos y sus oradores son una constante del paisaje y del patrimonio cultural e histórico de la mayoría de sus países.

Para que no te lleves sorpresas si vas de viaje a países como Tailandia, Myanmar, Sri Lanka, Camboya, India o China, hoy te contamos algunas costumbres y curiosidades de los monjes budistas que debes conocer si visitas Asia.

 

  • Prohibido tocar a mujeres

Una de las principales costumbres a considerar respecto a los monjes budistas si eres mujer, es que nunca debes colocarte al lado de uno, ni siquiera de sus pertenencias. Los votos de castidad y el celibato llegan a tal extremo que tienen prohibido tocar o ser tocados por una mujer, así que debes evitarlo. De hecho, cuando una mujer quiere entregar una ofrenda o dar limosna a un monje, debe depositarla en su cuenco o en el paño que muchos colocan ante ellos o, en caso contrario, dárselo a un varón para que se lo entregue él.

En todo caso, seas hombre o mujer, también es conveniente que tengas en cuenta que en Tailandia los monjes budistas cuentan con asientos reservados o asientos de privilegio en el transporte público y ni siquiera pagan el billete de metro.

 

  • Túnicas de los monjes budistas

En países como Tailandia encontrarás muchos monjes budistas por las calles. Resultan inconfundibles con sus túnicas naranjas, pero no pienses que son todas iguales. Hasta ocho tonalidades distintas de tal color lucen en ellas y los monjes birmanos, por ejemplo, usan túnicas de color vino. Eso sí, jamás llevan ni túnica negra ni túnica roja.

Y es que las túnicas, de distintos tipos y colores según la tradición de cada país, son el hábito fundamental de estos monjes. Así, las de color amarillo naranja suelen ser los que usan los monjes que viven en los monasterios de ciudades, aldeas y poblados, mientras que las de tonos más oscuros suelen ser las utilizadas por los monjes que habitan en los bosques.

El otro punto que más llama la atención del aspecto de los monjes budistas es que todos ellos tienen la cabeza rapada. La costumbre de rasurarse la cabeza tiene un significado claro, ya que con ello se renuncia a lo material de esta vida, y no hay nada más superficial que la apariencia.

 

  • Monjes en los templos budistas

Durante las visitas que realices a los templos budistas, en los que también te encontrarás con los monjes, deberás tener en cuenta sus costumbres, ya que los monjes deben estar por encima de ti. Lo adecuado al entrar en el templo es inclinar la cabeza hacia Buda y debes estar a un nivel más bajo de los ojos de los monjes, por lo que también deberás inclinar la cabeza ante ellos. En el supuesto de que estés sentado en el lugar de culto y los monjes lleguen después, tienes que levantarte en señal de respeto.

Fíjate en que la mayoría de los templos cuentan con una cajita de metal en la que se recogen las donaciones de los visitantes, que es con lo que lo mantienen en funcionamiento. Si te gusta el lugar y has disfrutado con la visita, puedes dejar una pequeña donación de un par de euros o menos.

 

  • Saludos y charlas con monjes budistas

También hay que tener en cuenta que en el budismo se considera a los pies como la parte más impura del cuerpo, así que tendrás que hacer como los monjes si quieres ser educado y respetuoso. Como consecuencia, los pies se deben dejar en el suelo y nunca apoyarlos en la silla o balancearlos en el aire. Nada de cruzar las piernas y apuntar con ellos a la gente. A la entrada de la casa y del templo, siempre hay que descalzarse, algo habitual en las culturas de Asia y un gesto que indica respeto y buena educación.

La forma habitual de saludar a un monje es juntar las palmas de las manos en señal de oración y efectuar una pequeña reverencia. Situar las manos cerca de la frente al hacerlo indica respeto hacia los monjes.

Los monjes suelen ser personas amigables y sociables y es relativamente fácil que interactúen contiguo durante tus viajes, así que es posible que se te acerquen. Ten en cuenta saludar correctamentecuidar el lenguaje corporal y no tocarles si eres mujer.

 

  • Limosnas y ofrendas

De forma general, la tradición es que absolutamente todos los jóvenes varones pasen un trimestre de su vida como monjes. Durante este periodo monacal, tienen prohibidas una serie de prácticas. Así, no pueden tomar bebidas alcohólicas, fumar, trabajar ni poseer dinero. Solo tienen su túnica y el cuenco en el que comen.

En algunos países como CamboyaTailandia Myanmar, por las mañanas salen del templo a recibir ofrendas en forma de alimento. Las personas que quieren hacer donaciones de comida les esperan afuera, de rodillas o sentados. Cuando los jóvenes monjes pasan les entregan, sobre todo, arroz y verduras, que servirán para que coman en el monasterio, y ellos les dan su bendición. Muchos viajeros se apuntan a esta tradición. Y es habitual que se celebren ofrendas multitudinarias en determinadas ocasionas.

En los mercados y en las calles puedes encontrar sentados en el suelo a los monjes con un cuenco entre sus manos. Y es que si recordamos que no pueden tener dinero y tampoco pueden trabajar, pero sí necesitan alimentarse, comprenderemos por qué piden limosna. Con las limosnas que se depositan en ese cuenco es con las que compran comida, que no deben adquirir de otra forma.

 

  • Monjes budistas de la Escuela Tendai

Tal vez te encuentres con algún monje budista que esté intentando completar el duro programa espiritual de la Escuela Tendai, una escuela chino-japonesa del budismo Mahayana. Este entrenamiento se prolonga durante 7 años, en los cuales es necesario hacer, además de las habituales oraciones ayunos, largas caminatas y, a partir del quinto año, cantar mantras durante nueves días seguidos sin beber, sin comer y sin dormir.

Al año siguiente, las caminatas se prolongan, y deben andar durante un centenar de días alrededor de 60 kilómetros diarios. En el séptimo la cifra aumenta a 84 kilómetros al día. No es de extrañar que apenas lo hayan superado unas cuantas decenas de monjes desde el siglo XIX.