El zen es un estado interior; es un estado de la mente que solo después se expresa al exterior. Toda la escenografía zen no es nada si la mente zen no está presente. 

Vamos a mostrar una breve aproximación al budismo zen por dos razones. La primera se debe a su intrínseca potencia de profunda enseñanza acompañada de una praxis y de todo un entorno ético y estético enormemente sugerente. La segunda se debe a la gran popularidad que el zen ha alcanzado en Occidente precisamente por lo expuesto anteriormente.

A la muerte de su fundador, el budismo tuvo un tiempo de esplendor en India, de tal modo que el emperador Asoka lo convierte en la religión del estado en el siglo III a. de C. Sin embargo, y a medida que esta religión se extiende en los territorios limítrofes, va decayendo en India hasta casi desaparecer allá por el siglo xIII. Uno de los primeros que llevó el budismo fuera de la India fue el gran Bodhidharma.

El zen proviene del budismo chan chino. Esta palabra, chan, proviene a su vez del término sánscrito dhyan, que se refiere a un estado de profunda introspección meditativa. El término chan, cuando llega a Japón, se transforma en la palabra zen. Bodhidharma trajo el budismo a China en el siglo vI y se estableció en Shaolin, siendo este monasterio el centro desde el que se expande la religión al resto de China. Y es allí donde se impregna de taoísmo, dando como resultado una filosofía y una práctica de perfume distinto al budismo tibetano o al budismo theravada.

En el budismo zen existen, básicamente, dos escuelas: la Soto y la Rinzai. La Soto fue más popular, a ella pertenecían los campesinos y las clases más bajas. Se basa en la práctica de zazen o meditación en la cual se adopta una postura sentados en loto y con las manos en una posición precisa. La Rinzai, más intelectual, fue adoptada por las clases altas y por los samuráis y, además de la meditación, utiliza el koan. La Rinzai, de origen chino, dice que la verdadera naturaleza del ser humano es la del estado de iluminado. Es más severa y monacal. Llega a Japón y triunfa en el siglo xIII, arraigando entre los samuráis, que le aportan ese aire riguroso y disciplinado. La ceremonia del té, la caligrafía, las artes marciales, el jardín zen, la estética zen, en suma, son Rinzai, pues, como hemos dicho, es la escuela adoptada por la clase dominante. Su maestro más destacado fue el famoso monje Hakuin, cuya influencia ha llegado hasta hoy. La Soto, más tranquila y con menos ceremonial, fue la más popular entre la gente común. En el origen de la escuela Soto está el famoso maestro Dogen, que la trajo a Japón también en el siglo xIII. Su afirmación es que, básicamente, todo se reduce a la práctica de zazen, o meditación sentados.

 

Algunos principios zen:

  • Buscar y reconocer la belleza de lo imperfecto.
  • Darse cuenta de que la hierba crece sola y despacio.
  • Prestar atención a lo sencillo y lo natural.
  • Respetar el código de honor.
  • Ver la vida como un sueño.
  • Entender la ética y estética como enseñanza natural.
  • Practicar la meditación en acción: todo es zen.
  • Utilizar correctamente la espada de la mente: el discernimiento.
  • Adoptar la ligereza y mantener una visión clara.
  • Ser capaz de contemplar la mente.
  • Darme cuenta de lo que está hecho con los ropajes del yo.
  • Darme cuenta de que la felicidad solo sabe del ahora.
  • Solo hay que permitir que las cosas afloren.

Pero zen es un estado interior; es un estado de la mente que solo después se expresa al exterior. Toda la escenografía zen, más allá de su innegable belleza estética, no es nada si la mente zen no está presente. Desde la escenografía, la estética o los meros ritos, no se alcanza una mente zen. De hecho, a una mente zen le es indiferente todo eso. Lo que hay, hay; lo que es, es. Lo que no hay, no hay; lo que no es, no es. Eso es todo.

El zen afirma que el estado de Buda ya está en nosotros; de hecho, nuestra naturaleza esencial es búdica. ¿Y qué es lo que nos separa de esa naturaleza? La respuesta es el yo. Un yo que actúa como un velo, pero un velo que nos impide contemplar la realidad. La imagen del velo es muy cierta, ya que el ego en realidad carece de sustancia y su naturaleza es, en sí misma, impermanente. En la práctica del zen no se aspira a evadirse del mundo ni separarse de él; al contrario, se busca la unidad y la presencia en el mundo.

 

El koan

Es una pregunta en principio absurda que no requiere una respuesta lógica. Por ejemplo, ¿cuál es el sonido de una sola mano al aplaudir? El primer objetivo del intelecto es encontrar una respuesta adecuada a la lógica, una respuesta razonable. Como cuando nos proponen unos problemas de lógica o matemáticos. Pero, obviamente, un koan no puede abordarse así. Su objetivo es llevar a la mente más allá de la lógica y el pensamiento dual. Su objetivo es desconcertar a la mente y llegar a comprender que hay cosas y estados que no pertenecen al territorio de la mente, que no son racionales y para los que la mente no tiene respuesta. Se decía que cuando un maestro formulaba un koan, a veces provocaba «la ausencia del pensamiento» y aparecía el estado iluminado. Asimismo era usado por los maestros para detectar el estado de realización de sus discípulos.

Tampoco el ingenio ni la especulación filosófica sirven. Además, la respuesta a un koan pertenece a su «aquí y ahora»; es decir, al momento en el que el maestro pregunta a su discípulo; es decir, a ese maestro, a ese lugar, a ese momento, a ese discípulo, pues si bien el koan puede ser el mismo, nada más es lo mismo. A Hakuin, uno de los más importantes maestros zen de la historia, se le atribuye la creación del koan mencionado de «cuál es el sonido de una sola mano al aplaudir» y de otros tantos igualmente desconcertantes. Él fue uno de los primeros que proporcionó un método a la práctica del zen.